EBRO

          

LA REPRESIÓN EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

No todos fueron iguales. No se puede sostener la tesis de que los dos bandos hicieron lo mismo, con esta afirmación tan solo se persigue legitimar por igual a los golpistas y a los que defendieron la República democráticamente establecida.

En el 1936, la clase dominante española apoyada por el Ejército, decidió imponer su voluntad pasando por encima de las decisiones democráticas siguiendo el ejemplo de Italia, Alemania y Portugal. Pero el golpe fracasó debido a una inesperada resistencia, lo que condujo a una revolución y una guerra civil.

Las razones que movían a los facciosos no eran tales, la España del Frente Popular no estaba conspirando, la clase obrera no estaba armada ni existía ningún problema terrorista, esto no era más que una excusa. Simplemente la clase dominante tradicional no podía aceptar el reformismo republicano lo mismo que la Iglesia no podía aceptar la corriente laicista promovida por la República, y el Ejército los apoyaba.

La diferencia esencial entre las represiones entre los dos bandos es que la franquista fue desde un principio una represión de Estado, institucional, impulsada desde las esferas superiores, mientras que la republicana no fueron sino acciones incontroladas por parte  de la acción revolucionaria aprovechándose del vacío de poder provocado por la sublevación fascista.

Los golpistas empezaron la represión desde los primeros momentos, los primeros fusilamientos fueron ordenados por Franco en la tarde del 17 de julio en las guarniciones africanas. Toda voz discordante fue acallada, como ocurrió con el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea, partidario del movimiento, que clamaba por el fin de la matanza: "¡Perdón!¿Perdón, sacrosanta ley del perdón.¡No más sangre!... No más sangre que la decretada por lo tribunales de Justicia, justicia serena, escrupulosamente discutida, clara, sin dudas, que jamás será amarga fuente de remordimientos...". Otra voz discordante fue la de Manuel Hedilla, jefe de la Falange, que en las Navidades de 1936 dijo:  "Hay personas en nuestra retaguardia que no encuentran trabajo mejor que hacer que sembrar el odio contra Cataluña y las provincias vascongadas y, cada vez que revolviendo sucios fondos y viejas cuentas han logrado su propósito, quedan satisfecho como si hubieran logrado una gran acción. La doctrina de Falange es de amor y no de odio, de unión y no de desunión. En Cataluña, como en todas partes, hay españoles buenos y malos", fue una de las pocas voces que se levantó contra la represión en la España sublevada.

Además, las declaraciones y los bandos de los dirigentes sublevados dejan claro el tipo de represión que era necesario para que la sublevación tuviera éxito, aquí tenemos algunos como muestra:

·                     Mola, en su directiva de mayo de 1936 ya lo decía bien claro: "Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo... ...serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas". Por si no quedase claro, en junio del mismo año precisaba como debía ser la sublevación: "...de una gran violencia: las vacilaciones no conducen mas que al fracaso", en julio, una vez iniciada la sublevación, expresaba ya claramente la idea: "Cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular, debe ser fusilado... ... Hay que sembrar el terror... dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros.". Navarra, feudo de Mola, sería un ejemplo de esta represión. Ramón Salas Larrazábal concluía en 1977 que en Navarra habían sido asesinadas 948 personas; rectificó la cifra años más tarde, elvandola hasta 1.200 y un año después el Colectivo Afán le rebatía elevando esta cifra a más de 3.000 personas asesinadas. Esta es una cifra desorbitada pues hay que recordar que Navarra no era precisamente una provincia con una gran población y que además estuvo alejada del frente.

·                     Queipo de Llano, señoreando Andalucía, tampoco se mordía la lengua, dijo el 23 de julio: "Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad. Al Arahal fue enviada una columna formada por elementos del Tercio y de Regulares, que han hecho allí una razzia espantosa". El 25 del mismo mes lo acabó de arreglar: "¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré".

 

 

Nada remotamente parecido se escuchó en boca de los miembros del Gobierno de la República o de sus altas autoridades, mas al contrario, la desautorizó e intentó poner orden, pero la República no pudo renunciar a la aplicación del Código de la Justicia Militar ya a la actuación de los tribunales contra sublevados, con el alto grado de pasión propio de la guerra. El 23 de agosto de 1936 se creó en el bando gubernamental los Tribunales Populares, un día después del asalto a la cárcel Modelo de Madrid para evitar "matanzas fenéticas" Aunque no muy eficaces, fueron controlando los "paseos", que prácticamente desaparecieron a finales de año. Como contraste vemos aquí las declaraciones de algunos dirigentes republicanos, es de destacar la abismal diferencia con las declaraciones precedentes:

·                     Indalecio Prieto, el 8 de agosto de 1936 en una alocución dijo:  "Por muy fidedignas que sean las terribles y trágicas versiones de lo que ha ocurrido y está ocurriendo en tierras dominadas por nuestros enemigos, aunque día a día nos lleguen agrupados, en montón, los nombres de camaradas, de amigos queridos, en quienes la adscripción a un ideal bastó como condena para sufrir una muerte alevosa, no imitéis esa conducta, os lo ruego, os los suplico. Ante la crueldad ajena, la piedad vuestra; ante la sevicia ajena, vuestra clemencia; ante los excesos del enemigo, vuestra benevolencia generosa...   ...¡no los imitéis!¡no los imitéis! Superadlos en vuestra conducta moral; superadlos en vuestra generosidad. Yo no os pido, conste, que perdáis vigor en la lucha, ardor en la pelea. Pido pechos duros para el combate, duros, de acero, como se denominan algunas de las Milicias valientes -pechos de acero- pero corazones sensibles, capaces de estremecerse ante el dolor humano y de ser albergue de la piedad, tierno sentimiento, sin el cual parece que se pierde lo más esencial de la grandeza humana".

·                     Manuel de Irujo, Ministro de Justicia, en su toma de posesión en mayo de 1937 declaró: "Levanto mi voz para oponerme al sistema y afirmar que se han acabado los  ´paseos´...  Hubo días en que el Gobierno no fue dueño de los resortes del poder. Se encontraba impotente para oponerse a los desmanes socilaes. Aquellos momentos han sido superados... es preciso que el ejemplo de la brutalidad monstruosa del enemigo no sea exhibido como el lenitivo a los crímenes repugnantes cometidos en casa..."

·                     Juan Negrín, presidente del Gobierno, ante las cortes reunidas en el monasterio de San Cugat, en septiembre de 1938: "A mí me duele la vida de los españoles sacrificados estérilmente en el otro lado.  A mí me interesa, para el gobierno futuro de España, conservarlos a ellos también, y que sirvan de contraste con nuestra opinión y posición política"

La sublevación franquista debe considerarse en su contexto intarnacional, y usó el teror como instrumento político como ya habían hecho el Tercer Reig y los fascistas italianos, las llamadas "naciones hermanas", incluso llegaron a estar asesorados por la Gestapo en los comienzos del Régimen. Es más, no se limitaron a seguir estos modelos de represión, sino que los mejoraron, desde el principio hasta el final de la guerra aplicaron fusilamientos masivos para aterrorizar a la población, desmoralizar a los resistentes e impedir toda reacción. El historiador Angel Viñas ha dado a conocer un documento de uno de los pocos militares de alta graduación presente en  el teatro de operaciones del Ejército Sur, el teniente coronel Hans Von Funk, que combatió en Francia durante la Gran Guerra. En el informe que envió a Berlín al respecto de la toma de Toledo afirma: "corría la sangre", cuenta también que a pesar de ser un soldado acostumbrado a la lucha jamás había contemplado la brutalidad y la ferocidad con que el Ejército Expedicionario Africano desarrollaba sus operaciones y desaconsejaba el envío de tropas regulares alemanas a España, porque ante tal salvajismo sus soldados se desmoralizarían.

La República jamás usó el terror como arma política, la violencia revolucionara jamás estuvo programada.

Además la extensión de la represión tampoco fue igual en los dos bandos. En el bando franquista afectó a todas las provincias sin excepción y a casi todos sus municipios, en cambio, en la España Republicana no hubo represión en catorce provincias, y en varias más fue escasa solo afectando a los municipios con mayor tensión social.

Tampoco nos hemos de olvidar del tiempo. La represión franquista se prolongó toda la guerra y continuó después como por ejemplo los 573 fusilamientos en Albacete arbitrarios o extrajudiciales o los 242 "paseados" en cuatro pueblos de La Serena (Badajoz) entre abril y mayo de 1939. En la zona republicana la mayoría de los crímenes se cometieron en el verano y otoño de 1936, siendo casi controlada en 1937 y muy esporádica en 1938. Desde el verano de 1938 la República no aprobó ninguna pena de muerte mientras que en las mismas fechas los franquistas seguían fusilando a mas no poder.

Otra diferencia era que los sublevados seguían una estrategia de represión, usando el fusilamiento masivo, la razzia, el escarmiento al estilo rifeño, en cuanto ocupaban un pueblo para impedir posibles reacciones sometiendo a la gente por el terror. Esto no es más que la teoría nazi de la guerra total o las prácticas de guerra colonial. Están documentadas matanzas arbitrarias en Sevilla, Huelva, Granada, Córdoba, La Rioja y Soria, sin olvidar los miles de Badajoz. Como ejemplo tenemos lo acaecido en Córdoba, que aparte de los 4000 fusilados en la capital, sorprenden las matanzas acaecidas a modo de escarmiento en Baena (700 campesinos fusilados), Puente Genil (1000 fusilados), Palma del Río (300), Fuenteovejuna (400)...

Para colmo tenemos los 2500 fusilamientos de Canarias, los de Ceuta, Melilla, Galicia, Salamanca, Zamora, Segovia, Valladolid, Navarra... estos hechos contradicen completamente  la afirmación (manipulación más bien) franquista de que los fusilamientos eran la respuesta al terror revolucionario, ya que en estas zonas los republicanos no movieron ni un dedo. Otra de las mentiras es asegurar que las ejecuciones de después de la guerra corresponden a "hechos de sangre" cuando ni el 10% de los fusilados lo son por estos motivos, ocupando el resto la represión política.

 

Otro tema es el de los bombardeos. Los dos bandos bombardearon ciudades, pero la aviación republicana jamás ametralló al personal civil que huía de la guerra como hicieron los sublevados en la evacuación de Málaga, en pueblos de Extremadura durante el cierre de la bolsa de La Serena y en a evacuación de Tarragona.  

En el "Guernica", Picasso mezcla una serie de símbolos para conseguir un efecto patético. Se cuenta que un general nazi le preguntó a Picasso: -¿Usted ha hecho esto? A lo que respondió el pintor: -No, lo han hecho ustedes. 

Llegamos al punto más escabroso, el número de muertos. Como ha pasado en todos los genocidios, éstos siempre han sido negados y ocultados por los represores. el Régimen ocultó mientras pudo el genocidio cometido, eran los "rojos" los que habían matado. Franco llegó a cifrar en el 1938 en 470.000 los caídos por las "hordas maxistas". Los historiadores franquistas reconocen tan solo parte de su propia represión, por supuesto mucho menor que la cometida por los "rojos" quedándose en tan solo 8.000 fusilados. Luego Salas Larrazábal subió la cifra hasta 23.000, aún muy corta. En su libro Pérdidas de la guerra , Salas Larrazábal cifra en 57.808 los muertos por los franquistas mientras que los republicanos mataron 72.337. El error de Salas Larrazábal se agravó al ser asumidas sus cifras por Hugh Thomas y Stanley G. Payne.

 

Una de las imágenes más terribles de la guerra: niños muertos en los bombardeos de Madrid

Un estudio del historiador Francisco Moreno Gómez desmontan estas cifras de Salas Larrazábal. Francisco Moreno, en su artículo "El terrible secreto del franquismo" publicado por la revista "La aventura de la Historia" n.º 3 de enero del 1999 afirma que el error de Salas Larrazábal fue el de basarse en los Registros Civiles. Para empezar, estos registros inscribieron menos de la mitad de las matanzas acontecidas, pero además, Salas Larrazábal pretende basarse en estos Registros indirectamente a través del Instituto Nacional de Estadística (INE) y no directamente en los registros. El tercer error, según Francisco Moreno fue el de haber diseñado un análisis demográfico con proyecciones estadísticas, como el propio Salas Larrazábal afirma. El INE, en relación a muertes violentas de la década de los cuarenta, contiene muchas inscripciones diferidas que pertenecen al período de guerra, y esto no lo distingue, de manera que es imposible calcular las ejecuciones de posguerra si no se va a la fuente original, los Registros Civiles, que son fiables para la posguerra, pero no para la guerra. Además hay que remarcar los errores que presenta el INE no reflejando bien las inscripciones de los registros.

Para crear más confusión, Salas Larrazábal tan solo valora en las casillas de "muertes violentas" las de "ejecución judicial" para deducir los fusilamientos de posguerra, pero en la guerra no se sabe en que bando fueron dictadas esas ejecuciones. Respecto a las casillas de "homicidios" (dentro también de "muertes violentas") Salas Larrazábal las adjudica, sin criterio, a la represión republicana, aunque puede haber víctimas de las dos zonas. Además descarta las casillas de "traumatismo por arma de fuego" cuando en la investigación anteriormente reseñada se ha podido comprobar muchas veces que hay fusilamientos que constan muy irónicamente como "traumatismo por arma de fuego", "shock traumático", "hemorragia interna y externa" o"por hemorragias múltiples"...  

¿Fusilamiento masivo o muertes por "hemorragias internas y externas"?

 

Salas tampoco incluye las de "traumatismos diversos" o "muerte violenta de causa desconocida" , posibles víctimas de la represión. La casilla de "ejecución en población civil" es la única que atribuyó a las matanzas de los sublevados durante la guerra.

 

En la guerra civil, un gran factor inhibitorio para la inscripción de las víctimas fue el clima de terror disuasorio para los familiares de las víctimas, que debían solicitar el registro de un "rojo", así que los que no dejaron familiares ni viudas, hijos o posibilidad de herencia no fueron inscritos; y esto era más frecuente de lo que se supone, ya que un tercio de las víctimas eran jornaleros jóvenes, solteros y sin descendencia. El exilio también es un factor que dificulta la labor, ya que muchos no volvieron nunca a sus lugares de origen.

Los estudios realizados demuestran que la represión franquista es de más del doble que la republicana; en el estudio de 24 provincias (Almería, Córdoba, Granada, Huelva, Málaga, Sevilla, Zaragoza, Huesca, Teruel, Asturias, Tenerife, Las Palmas, Girona, Lleida, Barcelona, Tarragona, Toledo, Cáceres, Navarra, Castellón, Valencia, Alicante, La Rioja y Soria) están identificados 80.324 fusilados por la dictadura franquista superando ya la cifra dada por Salas Larrazábal para la totalidad de España, quedando aún por estudiar la represión en los huidos, maquis, personal civil liquidado en el trienio del terror (1947-1949)... la mayoría de los estudios se detienen en el 1945. Además, en el estudio de 15 de estas provincias, los datos revisados revelan 33.833 víctimas por parte de la represión republicana, muy por debajo de la cifra dada por Salas Larrazábal para esas mismas provincias 53.889, poniendo en entredicho su cómputo total de 72.337 víctimas de la represión Republicana.

Pero la represión no es solo fusilamientos,  hubo también represión física, económica, laboral, social, ideológica... agravadas por el acoso de la Iglesia y la marginación de los que perdieron. Hubo hasta 750.000 encarcelados en 1939, aún quedaban 280.000 en 1940, en locales improvisados y en tales condiciones de insalubridad y hambre que la mortandad alcanzó récords históricos en España. En sólo 15 cárceles fallecieron 4.296 personas por hambre y privaciones. 500.000 personas se vieron obligadas a abandonar España, fueron a los campos de refugiados en Francia y luego muchos pasaron a los campos de exterminio nazis: en Mauthausen murieron 7.000. Otros tuvieron mejor suerte y se desperdigaron por el mundo. Tampoco hay que olvidarse de "los Niños de la Guerra", más de 37.000 que abandonaron sus hogares, muchos de los cuales no volvieron nunca. La tortura se practicaba en las cárceles y comisarías, se celebraron consejos de guerra de media hora que mandaban al paredón a grupos de veinte a treinta personas; muchos eran condenados a lo que se llamó la "Redención de Penas por el Trabajo": lo que traducido significa la explotación de mano de obra gratis por el Estado y empresas particulares como un simple botín de guerra; el expolio y la rapiña se cebó sobre los bienes de los vencidos, por la ley de responsabilidades Políticas 300.000 españoles se vieron multados y otros perdieron sus bienes total o parcialmente; por la misma ley de Responsabilidades Políticas miles de personas sin recursos fueron apartadas a más de 250 km. de sus lugares de residencia; hubo marginación social y declaración de puestos de trabajo restringidos de empleo público y privado para los excombatientes, huérfanos y servidores del bando nacional. Además se depuró toda la Administración, siendo los peor parados los profesionales de la Enseñanza, médicos, periodistas...

 

También hay que recordar el "trienio del terror 1947-1949" en el que se intentó aniquilar toda actividad política clandestina y destruir los grupos de huidos y guerrilleros que luchaban en los montes. Volvieron los "paseos", las torturas, la aplicación de ley de fugas, encarcelamiento de familias completas de campesinos, cadáveres en las cunetas... Se encarcelaron a más de 20.000 campesinos y habían muerto ya a mediados de 1938 quinientas ochenta y ocho personas en toda España.

 

LA HISTORIA NEGRA DE LA REPUBLICA  

El Estado de la República se hundió y desapareció cuando se el alzamiento fracasó. No tenía poder para organizar nada, traspasado este a una multitud de organizaciones políticas y sindicales que empezaron a enfrentarse contra los sublevados. La Guardia Civil y los Guardias de Asaltos quedaron disueltos, los ayuntamientos eran sustituidos y los comités revolucionarios lo controlaban todo. Se establecieron controles por parte de milicianos y se inició la persecución de los posibles enemigos. Se iniciaron los "paseos", que llenaban de cadáveres las cunetas y descampados. En las zonas rurales despertaron los viejos odios, muchos terratenientes y caciques, jueces y guardias civiles e incluso campesinos acusados de colaboradores fueron perseguidos y asesinados. En las ciudades el terror estaba más organizado, se asesinaron militares, religiosos, patronos y políticos y todos cuantos eran considerados enemigos de las diferentes organizaciones políticas. Los sindicatos y partidos de izquierda tenían sus propias cárceles con tribunales autónomos revolucionarios con poder de sentenciar a muerte.

Es famoso el trágico hecho del asalto de la cárcel Modelo de Madrid. El 22 de agosto de 1936 un incendio en la cárcel alarmó a las milicias; temerosas que pudieran escapar los presos hubo partidarios de liquidarlos a todos y otros que pretendían hacer unos fusilamientos más selectivos, que finalmente se imponen. Se iniciaron las ejecuciones por parte de los milicianos en el mismo patio de la cárcel. Fueron fusilados Melquíades Álvarez, José Martínez Velasco, Julio Ruiz de Alda, Fernando Primo de Rivera, Manuel Rico y Ramón Álvarez...  Muchas voces se alzaron en contra de lo que allí aconteció, pero no sería la última de las matanzas. Un método de asesinar a los presos era sacarlos de la cárcel con motivo de un traslado y ejecutarlos en el trayecto. Entre los días 6 y 8 de noviembre (con las tropas nacionales acercándose a Madrid) más de dos mil presos fueron sacados de las cárceles de Madrid y trasladados a Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz; fueron fusilados y enterrados en fosas comunes. A finales de mes se volvieron a repetir las sacas de presos.  Un tren que trasladaba detenidos desde Jaén fue asaltado y todos los presos asesinados, 290 personas asesinadas en Santander... Estas matanzas solían producirse como represalia ante los bombardeos de la aviación nacional u otras acciones del enemigo.

También fueron ejecutados rápidamente los militares sublevados en aquellos lugares donde fracasó el levantamiento, como ocurrió en el Cuartel de la Montaña, en donde se asesinaron a un centenar de jefes y oficiales. Muchos de estos militares fueron sacados de las cárceles y asesinados posteriormente como ocurrió en Lleida, donde se ejecutaron la mayor parte de los oficiales de la guarnición de la ciudad en el Campo de Marte por parte de las columnas de Milicianos que iban a Aragón.  Los cabecillas de la rebelión en Barceona, el general Fanjul  y el coronel Fernández Quintana fueron ejecutados en la Modelo de Madrid. Goded y el general Burriel lo fueron en Montjuich. La mayoría de jefes y oficiales de la guarnición de Barcelona fueron asesinados en el Campo de la Bota.

El 23 de agosto se crearon los Tribunales Populares, con el objetivo de poner orden y controlar la matanza indiscriminada y con el objetivo de juzgar los delitos de rebelión y sedición. A medida que estos tribunales se asentaban, disminuían en número de asesinatos.

Triste fue también lo que ocurrió en la Marina de Guerra. La marinería estaba con la República, mientras que los jefes y oficiales apoyaban la rebelión. En los buques donde los marineros dominaron el barco fue asesinada buena parte de los mandos: en Málaga se fusiló 11 oficiales de los destructores Churruca y Sánchez Barcáiztegui tras un consejo de guerra, mientras que muchos de los detenidos en Cartagena fueron trasladados al Jaime I y fusilados en agosto.

Por su parte, la Iglesia sufrió la peor persecución de su historia. En gran parte del territorio republicano bastaba, sobre todo en los primeros meses, que alguien fuera identificado como religioso para ser ejecutado. Según "Historia de la persecución religiosa en España (1936-1939)" de Antonio Montero se ejecutaron 13 obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos y 283 religiosas, producidas entre julio de 1936 y mayo de 1937, sobretodo entre agosoto y septiembre de 1936. Después de la creación de los Tribunales Populares, los religiosos fueron generalmente condenados a penas de reclusión. El odio antireligioso llegó a tales extremos que empezaron a correr rumores de que desde algunas iglesias o conventos se disparaba contra el pueblo o que en algunos hospitales religiosos se envenenaban a los enfermos republicanos. Así que en los pueblos o ciudades en los que el alzamiento era sofocado, lo primero que se hacía era saquear y quemar las iglesias y conventos. Entre estas horribles matanzas cabe destacar una especialmente atroz: el asesinato de los hermanos de San Juan de Dios del Sanatorio Marítimo de Calafell, asesinados por negarse a abandonar a sus enfermos.

 

Mientras todo esto ocurría, los dirigentes republicanos se veían totalmente impotentes para frenar tanta matanza. Las órdenes del Gobierno para parar las detenciones y asesinatos eran desoídas. Incluso desde las propias filas anarquistas, causantes de la mayoría de los asesinatos, surgieron palabras de denuncia contra tanta barbarie; uno de ellos, Joan Peiró, en una serie de artículos recogidos en el libro "Perill a la reraguarda" consideraba estos hechos como el principal enemigo de la revolución. Otro de ellos, Melchor Rodríguez, evitó desde su puesto de director general de Prisiones de la República se opuso a las sacas y evitó que mataran a los detenidos de la cárcel de Alcalá de Henares.

El Gobierno de la República, en su intento de controlar la situación llegaron a ejecutar a alguno de los asesinos de su propio bando y admitió el derecho de asilo en las embajadas para salvar a muchas personas que estaban en peligro, entre ellos la familia de Queipo de Llano. En Cataluña, las autoridades también se esforzaron en evitar los asesinatos, fue salvado "in extremis" el cardenal Vidal i Barraquer, también lo fueron los obispos de Gerona y Tortosa mientras que el de Solsona fue escoltado hasta Andorra. Se tramitaron pasaportes a miles de religiosos y otras personalidades para

que abandonaran España, entre ellos el futuro ministro de Franco Blas Pérez, que en octubre de 1940 juzgó y condenó a muerte a su salvador Lluis Companys, que también había salvado al fiscal y el defensor del juicio.

 

En total, las cifras de la represión republicana se sitúan entre 55.000 y 60.000 personas, asesinadas sobretodo el primer semestre de guerra.

 

LA LEYENDA NEGRA DEL POUM  

Ya en plena sublevación militar, dos pequeños partidos comunistas, el Bloc Obrer i Camperol de Joaquín Maurín y la pequeña Izquierda Comunista de viejos trotskistas liderada por Andreu Nin, heterodoxos al margen de la Comintern se unieron creando el POUM. Los dos líderes coincidian en tres puntos: su fascinación por la revolución rusa de 1917, su pasado como secretarios prosoviéticos del Comité Nacional de la CNT antes de 1922 y la idea de que en España la alternativa al fascismo no era la democracia sino el socialismo. Debido a que Maurín había quedado aislado en zona fascista, el número dos, Nin, asumió la dirección del partido. Nin marcó un camino político diferente del que habría marcado Maurín, político más flexible que creía en la necesidad de una coalición de izquierdas y que hizo que el POUM  participar en el Frente Popular.

Desde septiembre de 1936 el Comité Ejecutivo del POUM definió una posición muy firme de actuación, atenuada cuando Nin ocupó la cartera de Justica en el Consejo de la Generalitat de Cataluña. Anteponiendo la revolución a todo lo demás, el POUM se enfrentó a las instituciones republicanas y a la propia concepción del Frente Popular, en contraposición con el Partido Comunista (PSUC en Cataluña) que anteponía la victoria en la guerra a la revolución.

El partido comunista, gracias a la ayuda que prestaba la Unión Soviética a la España Republicana había pasado de ser un partido muy pequeño a ser uno de los más importantes. La República tan solo podía contar con la ayuda de la Unión Soviética y esta dependía completamente de su buena voluntad, aumentando su influencia sobre la República. Paradójicamente fue la sublevación fascista la que hizo que los comunistas aumentaran su poder en España.

La Comintern, por telegrama el 11 de diciembre de 1936, había hecho prioritaria, junto a la exclusión del POUM de todo organismo republicano, la campaña para demostrar la subordinación de los "trotskistas" españoles al fascismo. Cabe remarcar que el POUM no tenían ninguna relación con Trotsky, pero esto parece que no les importaba mucho.

Las purgas paranoicas de Stalin estabn en su más alto punto en la primavera y el verano de 199937. El dictador ruso no vaciló en extender sus actividades políticas a España, donde estaba representado principalmente por el coronel Orlov, de la NKVD y por Erno Gerö, comunista húngaro que actuaba en Barcelona con el nombre de "Pedro". El 16n de junio. a petición de los comunistas, fueron detenidos unos 40 dirigentes del POUM, y el día 22 el Gobierno anunció la creación de un nuevo tribunal de espionaje, ante el cual comparecerían pronto.

Andrés Nin fue separado de los otros prisioneros y llevado en secreto a una cárcel comunista privada en Alcalá de Henares, cerca de Madrid. Allí fue torturado e interrogado por Orlov, quien probablemente intentaba obtener de él, a la fuerza, una de aquellas confesiones orales espectaculares que habían señalado en Moscú los juicios de la purgas.

Tras su desaparición, dentro del Gobierno de la República amenazaron con dimitir ante esta flagrante violación de la autoridad gubernamental por parte de los comunistas. Negrín pidió a los ministros del partido comunista que le dijeran dónde estaba Nin. Éstos insistieron en que lo ignoraban, lo que quizá fuera verdad; pero nadie les creyó. Negrín e Irujo tampoco hicieron mucho caso de las pruebas documentales que los comunistas pretendían tener, y que ligaban a los jefes del POUM con los servicios secretos de los nacionalistas.

Pero Nin no habló, salvando con ello a otros dirigentes del POUM. Orlov, al no obtener la confesión deseada hizo liquidar a Nin. Preparó un secuestro simulado, usando miembros alemanes de las Brigadas Internacionales que luego trataron de hacer pasar por agentes de la Gestapo. A principios de agosto pretendían que Nin había escapado así a Salamanca o Berlín, cuando en realidad lo habían asesinado.

El caso del POUM fue un terrible golpe moral al prestigio del Gobierno Negrín, que había ocupado el cargo con enérgicas promesas de restablecer la justicia y la seguridad personal, decidió tragarse la rabia y tolerar el ultraje comunista para evitar ser destruido como lo fue Largo Caballero y pudo convencer al ministro de Justicia, el nacionalista vasco Manuel Irujo y al ministro de Gobernación, el socialista Julián Zugazagoitia de que su Gobierno hallaría la manera de controlar totalmente los asuntos internos. Destituyó al coronel Ortega, que había cooperado con Orlov. A mediados de agosto anunció la creación del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) dirigido por un socialista del ala de Prieto, con la misión de proteger el esfuerzo de guerra contra las actividades fascistas o contrarrevolucionarias. Mientras tanto, los consejeros rusos comenzaron a ser cambiados cada vez con mayor frecuencia, y era un secreto a voces que muchos de ellos habían sido fusilados tras regresar a su país. Los envíos de armas rusas habían disminuido rápidamente, tanto por razones prácticas como políticas, y el Gobierno ordenó poner discretos carteles en Barcelona y Valencia pidiendo al pueblo que no hablara mal de Rusia y que recordara que la Unión Soviética era la única gran potencia que había ayudado a la República.

El juicio contra los demás implicados no tuvo nada que ver con el "proceso de Moscú", la justicia republicana consiguió afirmarse condenando a los procesados a penas de cárcel por rebelión, sobre la base de sus declaraciones y de la política del Comité Ejecutivo del POUM en la insurrección de mayo del 37 y, antes, contra el Frente Popular. Se les absolvía en cambio de la imputación de antifascismo: "que todos ellos tienen una marcada significación antifascista que han contribuido con sus esfuerzos a la lucha contra la sublevación militar y que la actuación que queda expresada respondía únicamente al propósito de superar la República democrática e instaurar sus propias concepciones sociales".

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Desde el 21-8-2001