LA REPRESIÓN EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
No
todos fueron iguales. No se puede sostener la tesis de que los dos bandos
hicieron lo mismo, con esta
afirmación tan solo se persigue legitimar por igual a los golpistas
y a los que defendieron la República democráticamente establecida.
En
el 1936, la clase dominante española apoyada por el Ejército, decidió
imponer su voluntad pasando por encima de las decisiones democráticas siguiendo
el ejemplo de Italia, Alemania y Portugal. Pero el golpe fracasó debido a una
inesperada resistencia, lo que condujo a una revolución y una guerra civil.
Las
razones que movían
a los facciosos no eran tales, la España del Frente Popular no estaba
conspirando, la clase obrera no estaba armada ni existía ningún problema
terrorista, esto no era más que una excusa. Simplemente la clase dominante
tradicional no podía aceptar el reformismo republicano lo mismo que la Iglesia
no podía aceptar la corriente laicista promovida por la República,
y el Ejército los apoyaba.
La
diferencia esencial entre las represiones entre los dos bandos es que la
franquista fue desde un principio una represión de Estado, institucional,
impulsada desde las esferas superiores, mientras que la republicana no fueron
sino acciones incontroladas por parte de
la acción revolucionaria aprovechándose
del vacío de poder provocado
por la sublevación fascista.
Los
golpistas empezaron la represión desde los primeros momentos, los primeros
fusilamientos fueron ordenados por Franco en la tarde del 17 de julio en las
guarniciones africanas. Toda voz discordante fue acallada, como ocurrió con el
obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea, partidario del movimiento, que clamaba
por el fin de la matanza: "¡Perdón!¿Perdón,
sacrosanta
ley del perdón.¡No más sangre!... No más sangre que la decretada por lo
tribunales de Justicia, justicia serena, escrupulosamente discutida, clara, sin
dudas, que jamás será amarga fuente de remordimientos...". Otra
voz discordante fue la de Manuel Hedilla, jefe de la Falange, que en las
Navidades de 1936 dijo: "Hay personas en nuestra retaguardia que no encuentran trabajo
mejor que hacer que sembrar el odio contra Cataluña y las provincias vascongadas y, cada vez que
revolviendo sucios fondos y viejas cuentas han logrado su propósito, quedan
satisfecho como si hubieran logrado una gran acción. La doctrina de Falange es
de amor y no de odio, de unión y no de desunión. En Cataluña, como en todas
partes, hay españoles buenos y malos",
fue una de las pocas voces que se levantó contra la represión en la España
sublevada.
Además,
las declaraciones y los bandos de los dirigentes sublevados dejan claro el tipo
de represión que era necesario para que la sublevación tuviera éxito, aquí
tenemos algunos como muestra:
·
Mola,
en su directiva de mayo de 1936 ya lo decía bien claro:
"Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para
reducir lo antes posible al enemigo... ...serán encarcelados todos los
directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al
Movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para
estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas". Por
si no quedase claro, en junio del mismo año precisaba como debía ser la
sublevación: "...de
una gran violencia: las vacilaciones no conducen mas que al fracaso",
en julio, una vez iniciada la sublevación, expresaba ya claramente la idea: "Cualquiera
que sea abierta
o secretamente defensor del Frente Popular, debe ser fusilado... ... Hay que
sembrar el terror... dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni
vacilación a todos los que no piensen como nosotros.".
Navarra, feudo de Mola, sería un ejemplo de esta represión. Ramón Salas
Larrazábal concluía en 1977 que en Navarra habían sido asesinadas 948
personas; rectificó la cifra años más tarde, elvandola
hasta 1.200 y un año después el Colectivo Afán le rebatía elevando esta
cifra a más de 3.000 personas asesinadas. Esta es una cifra desorbitada pues
hay que recordar que Navarra no era precisamente una provincia con una gran
población y que además estuvo alejada del frente.
·
Queipo
de Llano, señoreando Andalucía, tampoco se mordía la lengua, dijo el 23 de
julio: "Estamos
decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente
Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a
un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo
hiciereis
así, quedaréis exentos de toda responsabilidad.
Al Arahal fue enviada una columna formada por elementos del Tercio y de
Regulares, que han hecho allí una razzia espantosa". El
25 del mismo mes lo acabó de arreglar: "¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos
idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que,
cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan
a mí, que yo se lo pegaré".
Nada
remotamente parecido se escuchó en boca de los miembros del Gobierno de la República
o de sus altas autoridades, mas al contrario, la desautorizó e intentó poner
orden, pero la República no pudo renunciar a la aplicación del Código de la
Justicia Militar ya a la actuación de los tribunales contra sublevados, con el
alto grado
de pasión propio de la guerra. El 23 de agosto de 1936 se creó en el bando
gubernamental los Tribunales Populares, un día después del asalto a la cárcel
Modelo de Madrid para evitar "matanzas
fenéticas" Aunque
no muy eficaces, fueron controlando los "paseos", que prácticamente
desaparecieron
a finales de año. Como contraste vemos aquí las declaraciones de algunos
dirigentes republicanos, es de destacar la abismal diferencia con las
declaraciones precedentes:
·
Indalecio
Prieto, el 8 de agosto de 1936 en una alocución dijo: "Por
muy fidedignas que sean las terribles y trágicas versiones de lo que ha
ocurrido y está ocurriendo en tierras dominadas por nuestros enemigos, aunque día
a día nos lleguen agrupados, en montón, los nombres de camaradas, de amigos
queridos, en quienes la adscripción a un ideal bastó como condena para sufrir
una muerte alevosa, no imitéis esa conducta, os lo ruego, os los suplico. Ante
la crueldad ajena, la piedad vuestra; ante la sevicia ajena, vuestra clemencia;
ante los excesos del enemigo, vuestra
benevolencia generosa... ...¡no
los imitéis!¡no los imitéis! Superadlos en vuestra conducta moral; superadlos
en vuestra generosidad. Yo no os pido, conste, que perdáis vigor en la lucha,
ardor en la pelea. Pido pechos duros para el combate, duros, de acero, como se
denominan algunas de las Milicias valientes -pechos de acero- pero corazones
sensibles, capaces de estremecerse ante el dolor humano y de ser albergue de la
piedad, tierno sentimiento, sin el cual parece que se pierde lo más esencial de
la grandeza humana".
·
Manuel
de Irujo, Ministro de Justicia, en su toma de posesión en mayo de 1937 declaró:
"Levanto mi voz para oponerme al
sistema y afirmar que se han acabado los ´paseos´...
Hubo días en que el Gobierno no fue dueño de los resortes del poder. Se
encontraba impotente para oponerse a los desmanes socilaes. Aquellos momentos
han sido superados... es preciso que el ejemplo de la brutalidad monstruosa del
enemigo no sea exhibido como el lenitivo a los crímenes repugnantes cometidos
en casa..."
·
Juan
Negrín, presidente del Gobierno, ante las cortes reunidas en el monasterio de
San Cugat, en septiembre de 1938: "A mí me duele la vida de los españoles sacrificados estérilmente en
el otro lado. A mí me interesa,
para el gobierno futuro de España, conservarlos a ellos también, y que sirvan
de contraste con nuestra opinión y posición política"
La
sublevación franquista debe considerarse en su contexto intarnacional, y usó
el teror como instrumento político como ya habían hecho el Tercer Reig y los
fascistas italianos, las llamadas "naciones hermanas", incluso
llegaron a estar asesorados por la Gestapo en los comienzos del Régimen. Es más,
no se limitaron a seguir estos modelos de represión, sino que los mejoraron,
desde el principio hasta el final de la guerra aplicaron fusilamientos masivos
para aterrorizar a la población, desmoralizar a los resistentes e impedir toda
reacción. El historiador Angel
Viñas ha dado a conocer un documento de uno de los pocos militares de alta
graduación presente en el teatro
de operaciones del Ejército Sur, el teniente coronel Hans Von Funk, que combatió
en Francia durante la Gran Guerra. En el informe que envió a Berlín al
respecto de la toma de Toledo afirma:
"corría la sangre",
cuenta también que a pesar de ser un soldado acostumbrado a la lucha jamás había
contemplado la brutalidad y la ferocidad con que el Ejército Expedicionario
Africano desarrollaba sus operaciones y desaconsejaba el envío de tropas
regulares alemanas a España, porque ante tal salvajismo sus soldados se
desmoralizarían.
La
República jamás usó el terror como arma política, la violencia revolucionara
jamás estuvo programada.
Además
la extensión de la represión tampoco fue igual en los dos bandos. En el bando
franquista afectó a todas las provincias sin excepción y a casi todos sus
municipios, en cambio, en la España Republicana no hubo represión en catorce
provincias, y en varias más fue escasa solo afectando a los municipios con
mayor tensión social.
Tampoco
nos hemos de olvidar del tiempo. La represión franquista se prolongó toda la
guerra y continuó después como por ejemplo los 573 fusilamientos en Albacete
arbitrarios o extrajudiciales o los 242 "paseados" en cuatro pueblos
de La Serena (Badajoz) entre abril y mayo de 1939. En la zona republicana la
mayoría de los crímenes se cometieron en el verano y otoño de 1936, siendo
casi controlada en 1937 y muy esporádica en 1938. Desde el verano de 1938 la
República no aprobó ninguna pena de muerte mientras que en las mismas fechas
los franquistas seguían fusilando a mas no poder.
Otra
diferencia era que los sublevados seguían una estrategia de represión, usando
el fusilamiento masivo, la razzia, el escarmiento al estilo rifeño, en cuanto
ocupaban un pueblo para impedir posibles reacciones sometiendo a la gente por el
terror. Esto no es más que la teoría nazi de la guerra total o las prácticas
de guerra colonial. Están documentadas matanzas arbitrarias en Sevilla, Huelva,
Granada, Córdoba, La Rioja y Soria, sin olvidar los miles de Badajoz. Como
ejemplo tenemos lo acaecido en Córdoba, que aparte de los 4000 fusilados en la
capital, sorprenden las matanzas acaecidas a modo de escarmiento en Baena (700
campesinos fusilados), Puente Genil (1000 fusilados), Palma del Río (300),
Fuenteovejuna (400)...
Para
colmo tenemos los 2500 fusilamientos de Canarias, los de Ceuta, Melilla,
Galicia, Salamanca, Zamora, Segovia, Valladolid, Navarra... estos hechos
contradicen completamente la
afirmación (manipulación más bien) franquista de que los fusilamientos eran
la respuesta al terror revolucionario, ya que en estas zonas los republicanos no
movieron ni un dedo. Otra de las mentiras es asegurar que las ejecuciones de
después de la guerra corresponden a "hechos de sangre" cuando ni el
10% de los fusilados lo son por estos motivos, ocupando el resto la represión
política.
Otro
tema es el de los bombardeos. Los dos bandos bombardearon ciudades, pero la
aviación republicana jamás ametralló al personal civil que huía de la guerra
como hicieron los sublevados en la evacuación de Málaga, en pueblos de
Extremadura durante el cierre
de la bolsa de La Serena y en a evacuación de Tarragona.

En
el "Guernica", Picasso mezcla una serie de símbolos para conseguir un
efecto patético. Se cuenta que un general nazi le preguntó a Picasso: -¿Usted
ha hecho esto? A lo que respondió el pintor: -No, lo han hecho ustedes.
Llegamos
al punto más escabroso, el número de muertos. Como ha pasado en todos los
genocidios, éstos siempre han sido negados y ocultados por los represores. el Régimen
ocultó mientras pudo el genocidio cometido, eran los "rojos" los que
habían matado. Franco llegó a cifrar en el 1938 en 470.000 los caídos por las
"hordas maxistas". Los historiadores franquistas reconocen tan solo
parte de su propia represión, por supuesto mucho menor que la cometida por los
"rojos" quedándose en tan solo 8.000 fusilados. Luego Salas Larrazábal
subió la cifra hasta 23.000, aún muy corta. En su libro Pérdidas
de la guerra
,
Salas Larrazábal cifra en 57.808 los muertos por los franquistas mientras que
los republicanos mataron 72.337. El error de Salas Larrazábal se agravó al ser
asumidas sus cifras por Hugh Thomas y Stanley G. Payne.

Una de las imágenes más terribles de la guerra: niños muertos en los bombardeos de Madrid
Un
estudio del historiador Francisco Moreno Gómez desmontan estas cifras de Salas
Larrazábal. Francisco Moreno, en su artículo "El terrible secreto del
franquismo" publicado por la revista "La aventura de la Historia"
n.º 3 de enero del 1999 afirma que el error de Salas Larrazábal fue el de
basarse en los Registros Civiles. Para empezar, estos registros inscribieron
menos de la mitad de las matanzas acontecidas, pero además, Salas Larrazábal pretende
basarse en estos Registros indirectamente a través del Instituto Nacional de
Estadística
(INE) y no directamente en los
registros. El tercer error, según Francisco Moreno fue el de haber diseñado un
análisis demográfico con proyecciones estadísticas, como el propio Salas
Larrazábal afirma. El INE, en relación a muertes violentas de la década de
los cuarenta,
contiene muchas inscripciones diferidas que pertenecen al período de guerra, y
esto no lo distingue, de manera que es imposible calcular
las ejecuciones de posguerra si no se va a la fuente original, los Registros
Civiles, que son fiables para la posguerra, pero no para la guerra. Además hay
que remarcar los errores que presenta el INE no reflejando bien las
inscripciones de los registros.
Para
crear más confusión, Salas Larrazábal tan solo valora en las casillas de
"muertes violentas" las de "ejecución judicial" para
deducir los fusilamientos de posguerra, pero en la guerra no se sabe en que
bando fueron dictadas esas ejecuciones. Respecto a las casillas de
"homicidios" (dentro también de "muertes violentas") Salas
Larrazábal las adjudica, sin criterio, a la represión republicana, aunque
puede haber víctimas de las dos zonas. Además
descarta las casillas de "traumatismo por arma de fuego" cuando en la
investigación anteriormente reseñada se ha podido comprobar muchas veces que
hay fusilamientos que constan muy irónicamente como "traumatismo por arma
de fuego", "shock traumático", "hemorragia interna y
externa" o"por hemorragias múltiples"...

¿Fusilamiento masivo o muertes por "hemorragias internas y externas"?
Salas
tampoco incluye las de "traumatismos diversos" o "muerte violenta
de causa desconocida" , posibles víctimas de la represión. La casilla de
"ejecución en población civil" es la única que atribuyó a las
matanzas de los sublevados durante la guerra.
En
la guerra civil, un gran factor inhibitorio para la inscripción de las víctimas
fue el clima de terror disuasorio para los familiares de las víctimas, que debían
solicitar el registro de un "rojo", así que los que no dejaron
familiares ni viudas, hijos o posibilidad de herencia no fueron inscritos; y
esto era más frecuente de lo que se supone, ya que un tercio de las víctimas
eran jornaleros jóvenes, solteros y sin descendencia. El exilio también es un
factor que dificulta la labor, ya que muchos no volvieron nunca a sus lugares de
origen.
Los
estudios realizados demuestran que la represión franquista es de más del doble
que la republicana; en el estudio de 24 provincias (Almería, Córdoba, Granada,
Huelva, Málaga, Sevilla, Zaragoza, Huesca, Teruel, Asturias, Tenerife, Las
Palmas, Girona, Lleida, Barcelona, Tarragona, Toledo,
Cáceres, Navarra, Castellón, Valencia, Alicante, La Rioja y Soria) están
identificados 80.324 fusilados por la dictadura franquista superando ya la cifra
dada por Salas Larrazábal para la totalidad de España, quedando aún por
estudiar la represión en los huidos,
maquis, personal civil liquidado en el trienio del terror (1947-1949)... la
mayoría de los estudios se detienen en el 1945. Además, en el estudio de 15 de
estas provincias, los datos revisados revelan 33.833 víctimas por parte de la
represión republicana, muy por debajo de la cifra dada por Salas Larrazábal
para esas mismas provincias 53.889, poniendo en entredicho su cómputo total de
72.337 víctimas de la represión Republicana.
Pero
la represión no es solo fusilamientos, hubo también represión física, económica, laboral,
social, ideológica... agravadas por el acoso de la Iglesia y la marginación de
los que perdieron. Hubo hasta 750.000 encarcelados en 1939, aún quedaban
280.000 en 1940, en locales improvisados y en tales condiciones de insalubridad
y hambre que la mortandad alcanzó récords históricos en España. En sólo 15
cárceles fallecieron 4.296 personas por hambre y privaciones. 500.000 personas
se vieron obligadas a abandonar España, fueron a los campos de refugiados en
Francia y luego muchos pasaron a los campos de exterminio nazis: en Mauthausen
murieron 7.000. Otros tuvieron mejor suerte y se desperdigaron por el mundo.
Tampoco hay que olvidarse de "los Niños de la Guerra", más de 37.000
que abandonaron sus hogares, muchos de los cuales no volvieron nunca. La tortura
se practicaba en las cárceles y comisarías, se celebraron consejos de guerra
de media hora que mandaban al paredón a grupos
de veinte a treinta personas; muchos eran condenados a lo que se llamó la
"Redención de Penas por el Trabajo": lo que traducido significa la
explotación de mano de obra gratis por el Estado y empresas particulares como
un simple botín de guerra; el expolio y la rapiña se cebó sobre los bienes de
los vencidos, por la ley de responsabilidades Políticas 300.000 españoles se
vieron multados y otros perdieron sus bienes total o parcialmente; por la misma
ley de Responsabilidades Políticas miles de personas sin recursos fueron
apartadas a más de 250 km.
de sus lugares de residencia; hubo marginación social y declaración de puestos
de trabajo restringidos de empleo público y privado para los excombatientes, huérfanos
y servidores del bando nacional. Además se depuró toda la Administración,
siendo los peor parados los profesionales de la Enseñanza, médicos,
periodistas...
También
hay que recordar el "trienio del terror 1947-1949" en el que se intentó
aniquilar toda actividad política clandestina y destruir los grupos de huidos y
guerrilleros que luchaban en los montes. Volvieron los "paseos", las
torturas, la aplicación de ley de fugas, encarcelamiento de familias completas
de campesinos, cadáveres en las cunetas... Se encarcelaron a más de 20.000
campesinos y habían muerto ya a mediados de 1938 quinientas ochenta y ocho
personas en toda España.
LA
HISTORIA NEGRA DE LA REPUBLICA
El
Estado de la República se hundió y desapareció cuando se el alzamiento fracasó.
No tenía poder para organizar nada, traspasado este a una multitud de
organizaciones políticas y sindicales que empezaron a enfrentarse contra los
sublevados. La Guardia Civil y los Guardias de Asaltos quedaron disueltos, los
ayuntamientos eran sustituidos y los comités revolucionarios lo controlaban
todo. Se establecieron controles por parte de milicianos y se inició la
persecución de los posibles enemigos. Se iniciaron los "paseos", que
llenaban de cadáveres las cunetas y descampados. En las zonas rurales
despertaron los viejos odios, muchos terratenientes y caciques, jueces y
guardias civiles e incluso campesinos acusados de colaboradores fueron
perseguidos y asesinados. En las ciudades el terror estaba más organizado, se
asesinaron militares, religiosos, patronos y políticos y todos cuantos eran considerados
enemigos de las diferentes organizaciones políticas. Los sindicatos y partidos
de izquierda tenían sus propias cárceles con tribunales autónomos
revolucionarios con poder de sentenciar a muerte.
Es
famoso el trágico hecho del asalto de la cárcel Modelo de Madrid. El 22 de
agosto de 1936 un incendio en la cárcel alarmó a las milicias; temerosas que
pudieran escapar los presos hubo partidarios de liquidarlos a todos y otros que
pretendían hacer unos fusilamientos más selectivos, que finalmente se imponen.
Se iniciaron las ejecuciones por parte de los milicianos en el mismo patio de la
cárcel. Fueron fusilados Melquíades Álvarez, José Martínez Velasco, Julio
Ruiz de Alda, Fernando Primo de Rivera, Manuel Rico y Ramón Álvarez...
Muchas voces se alzaron en contra de lo que allí aconteció, pero no sería
la última de las matanzas. Un método de asesinar a los presos era sacarlos de
la cárcel con motivo de un traslado y ejecutarlos en el trayecto. Entre los días
6 y 8 de noviembre (con las tropas nacionales acercándose a Madrid) más de dos
mil presos fueron sacados de las cárceles de Madrid y trasladados a Paracuellos
del Jarama y Torrejón de Ardoz; fueron fusilados y enterrados en fosas comunes.
A finales de mes se volvieron a repetir las sacas de presos.
Un tren que trasladaba detenidos desde Jaén fue asaltado y todos los
presos asesinados, 290 personas asesinadas en Santander... Estas matanzas solían
producirse como represalia ante los bombardeos de la aviación nacional u otras
acciones del enemigo.
También
fueron ejecutados rápidamente los militares sublevados en aquellos lugares
donde fracasó el levantamiento, como ocurrió en el Cuartel de la Montaña, en
donde se asesinaron a un centenar de jefes y oficiales. Muchos de estos
militares fueron sacados de las cárceles y asesinados posteriormente como
ocurrió en Lleida, donde se ejecutaron
la mayor parte de los oficiales de la guarnición de la ciudad en el Campo de
Marte por parte de las columnas de Milicianos que iban a Aragón.
Los cabecillas de la rebelión en Barceona, el general Fanjul
y el coronel Fernández Quintana fueron ejecutados en la Modelo de
Madrid. Goded y el general Burriel lo fueron en Montjuich. La mayoría de jefes
y oficiales de la guarnición de Barcelona fueron asesinados en el Campo de la
Bota.
El
23 de agosto se crearon los Tribunales Populares, con el objetivo de poner orden
y controlar la matanza indiscriminada y con el objetivo de juzgar los delitos de
rebelión y sedición. A medida que estos tribunales se asentaban, disminuían
en número de asesinatos.
Triste
fue también lo que ocurrió en la Marina de Guerra. La marinería estaba con la
República, mientras que los jefes y oficiales apoyaban la rebelión. En los
buques donde los marineros dominaron el barco fue asesinada buena parte de los
mandos: en Málaga se fusiló 11 oficiales de los destructores Churruca y Sánchez
Barcáiztegui tras un consejo de guerra, mientras que muchos de los detenidos en
Cartagena fueron trasladados al Jaime I y fusilados en agosto.
Por
su parte, la Iglesia sufrió la peor persecución de su historia.
En gran parte del territorio republicano bastaba, sobre todo en los primeros
meses, que alguien fuera identificado como religioso para ser ejecutado. Según
"Historia de la persecución
religiosa en España (1936-1939)" de Antonio Montero se ejecutaron 13
obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos y 283 religiosas, producidas entre
julio de 1936 y mayo de 1937, sobretodo entre agosoto y septiembre de 1936.
Después de la creación de los Tribunales Populares, los religiosos fueron
generalmente condenados a penas de reclusión. El odio antireligioso llegó a
tales extremos que empezaron a correr rumores de que desde algunas iglesias o
conventos se disparaba contra el pueblo o que en algunos hospitales religiosos
se envenenaban a los enfermos republicanos. Así que en los pueblos o ciudades
en los que el alzamiento era sofocado, lo primero que se hacía era saquear y
quemar las iglesias y conventos. Entre estas horribles matanzas cabe destacar
una especialmente atroz: el asesinato de los hermanos de San Juan de Dios del
Sanatorio Marítimo de Calafell, asesinados por negarse a abandonar a sus
enfermos.
Mientras
todo esto ocurría, los dirigentes republicanos se veían totalmente impotentes
para frenar tanta matanza. Las órdenes del Gobierno para parar las detenciones
y asesinatos eran desoídas. Incluso desde las propias filas anarquistas,
causantes de la mayoría de los asesinatos, surgieron palabras de denuncia
contra tanta barbarie; uno de ellos, Joan Peiró, en una serie de artículos
recogidos en el libro "Perill a la
reraguarda" consideraba estos hechos como el principal enemigo de la
revolución. Otro de ellos, Melchor Rodríguez, evitó desde su puesto de
director general de Prisiones de la República se opuso a las sacas y evitó que
mataran a los detenidos de la cárcel de Alcalá de Henares.
El
Gobierno de la República, en su intento de controlar la situación llegaron a
ejecutar a alguno de los asesinos de su propio bando y admitió el derecho de
asilo en las embajadas para salvar a muchas personas que estaban en peligro,
entre ellos la familia de Queipo de Llano. En Cataluña, las autoridades también
se esforzaron en evitar los asesinatos, fue salvado "in extremis" el
cardenal Vidal i Barraquer, también
lo fueron los obispos de Gerona y
Tortosa mientras que el de Solsona fue escoltado hasta Andorra. Se tramitaron
pasaportes a miles de religiosos y otras personalidades para
que
abandonaran España, entre ellos el futuro ministro de Franco Blas Pérez, que
en octubre de 1940 juzgó y condenó a muerte a su salvador Lluis Companys, que
también había salvado al fiscal y el defensor del juicio.
En
total, las cifras de la represión republicana se sitúan entre 55.000 y 60.000
personas, asesinadas sobretodo el primer semestre de guerra.
LA
LEYENDA NEGRA DEL POUM
Ya
en plena sublevación militar, dos pequeños partidos comunistas, el Bloc Obrer
i Camperol de Joaquín Maurín y la pequeña Izquierda Comunista de viejos
trotskistas liderada por Andreu Nin, heterodoxos al margen de la Comintern se
unieron creando el POUM. Los dos líderes coincidian en tres puntos: su
fascinación por la revolución rusa de 1917, su pasado como secretarios prosoviéticos
del Comité Nacional de la CNT antes de 1922 y la idea de que en España la
alternativa al fascismo no era la democracia sino el socialismo. Debido a que
Maurín había quedado aislado en zona fascista, el número dos, Nin, asumió la
dirección del partido. Nin marcó un camino político diferente del que habría
marcado Maurín, político más flexible que creía en la necesidad de una
coalición de izquierdas y que hizo que el POUM
participar en el Frente Popular.
Desde
septiembre de 1936 el Comité Ejecutivo del POUM definió una posición muy
firme de actuación, atenuada cuando Nin ocupó la cartera de Justica en el
Consejo de la Generalitat de Cataluña. Anteponiendo la revolución a todo lo
demás, el POUM se enfrentó a las instituciones republicanas y a la propia
concepción del Frente Popular, en contraposición con el Partido Comunista
(PSUC en Cataluña) que anteponía la victoria en la guerra a la revolución.
El
partido comunista, gracias a la ayuda que prestaba la Unión Soviética a la
España Republicana había pasado de ser un partido muy pequeño a ser uno de
los más importantes. La República tan solo podía contar con la ayuda de la
Unión Soviética y esta dependía completamente de su buena voluntad,
aumentando su influencia sobre la República. Paradójicamente fue la sublevación
fascista la que hizo que los comunistas aumentaran su poder en España.
La
Comintern, por telegrama el 11 de diciembre de 1936, había hecho prioritaria,
junto a la exclusión del POUM de
todo organismo republicano, la campaña para demostrar la subordinación de los
"trotskistas" españoles al fascismo. Cabe remarcar que el POUM no tenían
ninguna relación con Trotsky, pero esto parece que no les importaba mucho.
Las
purgas paranoicas de Stalin estabn en su más alto punto en la primavera y el
verano de 199937. El dictador ruso no vaciló en extender sus actividades políticas
a España, donde estaba representado principalmente por el coronel Orlov, de la
NKVD y por Erno Gerö, comunista húngaro que actuaba en Barcelona con el nombre
de "Pedro". El 16n de junio. a petición de los comunistas, fueron
detenidos unos 40 dirigentes del POUM, y el día 22 el Gobierno anunció la
creación de un nuevo tribunal de espionaje, ante el cual comparecerían pronto.
Andrés
Nin fue separado de los otros prisioneros y llevado en secreto a una cárcel
comunista privada en Alcalá de Henares, cerca de Madrid. Allí fue torturado e
interrogado por Orlov, quien probablemente intentaba obtener de él, a la
fuerza, una de aquellas confesiones orales espectaculares que habían señalado
en Moscú los juicios de la purgas.
Tras
su desaparición, dentro del Gobierno de la República amenazaron con dimitir
ante esta flagrante violación de la autoridad gubernamental por parte de los
comunistas. Negrín pidió a los ministros del partido comunista que le dijeran
dónde estaba Nin. Éstos insistieron en que lo ignoraban, lo que quizá fuera
verdad; pero nadie les creyó. Negrín e Irujo tampoco hicieron mucho caso de
las pruebas documentales que los comunistas pretendían tener, y que ligaban a
los jefes del POUM con los servicios secretos de los nacionalistas.
Pero
Nin no habló, salvando con ello a otros dirigentes del POUM. Orlov, al no
obtener la confesión deseada hizo liquidar a Nin. Preparó un secuestro
simulado, usando miembros alemanes de las Brigadas Internacionales que luego
trataron de hacer pasar por agentes de la Gestapo. A principios de agosto
pretendían que Nin había escapado así a Salamanca o Berlín, cuando en
realidad lo habían asesinado.
El
caso del POUM fue un terrible golpe moral al prestigio del Gobierno Negrín, que
había ocupado el cargo con enérgicas promesas de restablecer la justicia y la
seguridad personal, decidió tragarse la rabia y tolerar el ultraje comunista
para evitar ser destruido como lo fue Largo Caballero y pudo convencer al
ministro de Justicia, el nacionalista vasco Manuel Irujo y al ministro de
Gobernación, el socialista Julián Zugazagoitia de que su Gobierno hallaría la
manera de controlar totalmente los asuntos internos. Destituyó al coronel
Ortega, que había cooperado con Orlov. A mediados de agosto anunció la creación
del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) dirigido por un socialista del ala de
Prieto, con la misión de proteger el esfuerzo de guerra contra las actividades
fascistas o contrarrevolucionarias. Mientras tanto, los consejeros rusos
comenzaron a ser cambiados cada vez con mayor frecuencia, y era un secreto a
voces que muchos de ellos habían sido fusilados tras regresar a su país. Los
envíos de armas rusas habían disminuido rápidamente, tanto por razones prácticas
como políticas, y el Gobierno ordenó poner discretos carteles en Barcelona y
Valencia pidiendo al pueblo que no hablara mal de Rusia y que recordara que la
Unión Soviética era la única gran potencia que había ayudado a la República.
El juicio contra los demás implicados no tuvo nada que ver con el "proceso de Moscú", la justicia republicana consiguió afirmarse condenando a los procesados a penas de cárcel por rebelión, sobre la base de sus declaraciones y de la política del Comité Ejecutivo del POUM en la insurrección de mayo del 37 y, antes, contra el Frente Popular. Se les absolvía en cambio de la imputación de antifascismo: "que todos ellos tienen una marcada significación antifascista que han contribuido con sus esfuerzos a la lucha contra la sublevación militar y que la actuación que queda expresada respondía únicamente al propósito de superar la República democrática e instaurar sus propias concepciones sociales".
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